Una semblanza de Arturo Rodrigo

Arturo Rodrigo Santisteban

Arturo Rodrigo Santisteban

Por Luis Salcedo Marsano

Arturo ya no es el mismo, ahora está mejor, más tranquilo.

Han pasado muchos años, alrededor de 38, desde cuando por apoyar el trabajo de su padre, el respetado agente de seguros Arturo Rodrigo Rabines, (quien trabajaba en forma exclusiva, a la usanza de la época, con La Vitalicia), incursionó en los seguros, usando el escritorio del sub-agente que salía al mercado. Pero él, que según propia confesión con las justas terminó la secundaria, pensaba más en los autos y en las carreras que en cualquier otra cosa, incluido los seguros por supuesto.

No obstante, la vida lo llevó a que esa primera práctica se prolongara por casi tres años, a que en 1973 hiciera el curso en la Escuela de Seguros de la APESEG y que luego, a mediados de 1975, se fuera a México, donde gracias a los contactos de Jaime Graña, primero en Reaseguradora Patria, del Grupo Storebrand, y luego en la sucursal de la Munich Re, siguiera trabajando y aprendiendo seguros, desde abajo, armando pólizas y conociendo ramos y coberturas, como atendiendo siempre bien los siniestros, hasta ver los mejores esquemas de aseguramiento y los temas propios del reaseguro. Todo, sin embargo, bajo un principio claro, que aprendió de su padre: no hay nada más importante en este negocio que respetar la palabra empeñada.

Este entrenamiento fue fundamental para todo su desarrollo posterior, cuando de regreso al país, Jaime Montoya, gerente general,  y Víctor Albrecht, responsable del área técnica y jefe directo, del Pacífico de ese entonces, lo contrataron en diciembre de 1976 como Apoderado de Transportes. 

Arturo permaneció en la empresa 30 años,  20 de los cuales se desempeño como su gerente general, sucediendo precisamente a Jaime Montoya, quien algo había avanzado en ordenar la empresa.

Durante su gestión, el cambio de la compañía es muy reconocido en el mercado, ya que la evolución que experimentó, tanto en participación de mercado, resultado técnico, utilidades, pero  sobretodo en servicio al cliente, fue notable, siendo durante muchos de esos años Pacífico una suerte de prototipo de empresa profesional y modelo de lo que las restantes empresas deberían hacer para desarrollar. Ser asegurado de Pacífico se constituyó en esos años como una suerte de orgullo, en una seguridad intangible de protección adecuada.

Y claro, no lo hizo sólo. Quien sabe si una de las mayores habilidades de Arturo fue la de armar un equipo de trabajo al frente de la gerencia de Pacífico, grupo de personas que, al igual que él, de repente no contaban con grandes calidades académicas, salvo alguna que otra excepción, pero que cada uno de ellos en su campo era sin duda una persona versada en el negocio, y en conjunto eran una sólida administración al frente de la empresa. Igualmente mérito de él es la constitución en forma independiente de Pacífico Vida, una de las empresas de seguros de vida más profesionales y exitosas del mercado.

Sin embargo, recordando esos años, él reconoce ahora que pudieron ser muchos, que de repente no hace bien a una organización una estancia tan larga, pero lo que es claro que durante todo ese tiempo Arturo, dando lo que él podía dar, a base de su conocimiento del negocio asegurador, de una intuición superior y de una probada capacidad de relación con el mercado, vivió para Pacífico, en el sentido más cabal de la palabra, esto es, sin diferenciar su jornada diaria de trabajo, del resto del día en que también, a su forma, a su estilo, su vida personal seguía relacionada con su trabajo y viceversa, sin solución de continuidad, año tras año, hasta terminar su gestión.

Lo anterior es tanto más significativo porque muchos de esos años no fueron precisamente de crecimiento y bonanza a nivel país, sino todo lo contrario, inflación de dos dígitos en los ochenta y la desregulación de la actividad económica y la de seguros en los noventa, aunado a años de alta siniestralidad por terrorismo y fenómenos naturales recurrentes durante las dos décadas, supusieron para la empresa años de ajuste y búsqueda del equilibrio que Pacífico supo sortear con éxito.

En forma paralela a sus responsabilidades en Pacífico, Arturo encabezó hasta en dos oportunidades el gremio asegurador, dejando ahí también huella de su paso al frente nuevamente de un buen equipo, en decisiones fundamentales, como la recuperación de la administración del pool de retención nacional y coaseguros, lo que importó dotar permanentemente a la APESEG de fondos propios, y la adquisición del local institucional en San Antonio, Miraflores, y del local del hoy inactivo Instituto Superior Tecnológico en Seguros de APESEG, en la Av. Javier Prado Oeste.  

No se piense, que toda esta trayectoria hacía de Arturo un personaje querido por todos, porque no es el caso. Él tenía muchos amigos cierto, pero también detractores. Y muchos de estos últimos eran gente a las que les costaba reconocer como una persona sin mayor formación académica y/o de trato generalmente informal y risueño, podía haber alcanzado éxito personal y el liderazgo en el mercado para su empresa. En otros, los menos, creaba cierta resistencia que él pudiera reunirse en cuestión de minutos y sin mayor protocolo previo con quién era reconocido como el hombre de negocios más importante del país.  

Por eso hoy, cuando sus días están dedicados principalmente a presidir el directorio de unos de los corredores de seguros más importantes del país, y del mundo, aportando como siempre su conocimiento del negocio, su intuición y su capacidad de relación,  y se puede conversar con él con mayor tranquilidad y tiempo que antes, es más fácil decir también que, casi al término de la primera década del siglo XXI, el mundo cambió, que la forma de ver y manejar los negocios evolucionaron, que las estructuras deben ser más horizontales y ligeras, que la producción se segmenta, que los procesos se estandarizan y hay que tercerizar los no importantes en procura de mayor eficiencia, que los planeamientos estratégicos y los presupuestos priman, que los vínculos ya no importan como antes, que el manejo de las empresas debe profesionalizarse y que ya no basta conocer bien sólo del negocio.

Pero el Arturo de estos días es mejor, los años, los éxitos y los errores, la vida misma, han hecho de él una persona más tranquila, más reflexiva, capaz de mirar atrás con la perspectiva necesaria y hacia adelante con el mismo entusiasmo de siempre. Hoy ya no come ni brinda tanto como antes, pero sigue ilusionado por el país, por sus actuales responsabilidades, por sus amigos de siempre,  por su querida familia, por Brisa, su linda perrita Golden Retriever y, cómo no, por su rica camioneta Range Rover, porque si de algo estamos seguros es que su afición a los fierros morirá con él.  

Lima, 2 de septiembre de 2009


Propósito

Exposición y debate sobre temas de seguros

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